Estamos en 1846: el Beato Papa Pío IX publica su “Syllabus
de Errores” condenando solemne y claramente las proposiciones erróneas de las
filosofías incoadas en las sociedades secretas y el comunismo. Precisamente, a
mediados del siglo XIX, Francia se había drogado del más absurdo materialismo,
fruto del racionalismo literario de enorme influencia en su intelectualidad. El
ambiente popular se iba adaptando al intelectual, y el veneno de la irreligión
se colaba en las conciencias. Un par de años más tarde, es publicado el
“Manifiesto Comunista”, gestado por los “Iluminados” que en 1829, reunidos en
Nueva York erigieron un comité para financiar a Carlos Marx.En ese ambiente social descristianizado, el 19 de septiembre de 1846, María Santísima se manifiesta a dos jóvenes naturales de Corps: Melanie Calvat de quince años y Maximin Giraud de once, en las montañas francesas de La Salette. Pastores ignorantes, sin idea de la fe y de la oración; uno nervioso y excitable, la otra presuntuosa. El mensaje de María no es sólo para ellos: “hacédselo saber a todo el pueblo”. Detalla minuciosamente acontecimientos mundiales futuros de gran importancia para nuestros tiempos. La apostasía presente fue totalmente pronosticada en La Salette y el mensaje allí recibido, explica por qué el diablo tiene tanto poder y dominio en el mundo actual.
Maximin Giraud se refirió al “monstruo”, seguramente al comunismo que estaba por entrar en el mundo: “El monstruo llegará a fines de este siglo XIX o a más tardar a principios del siglo XX”. María Santísima había anunciado: “Esta es la edad de las edades, el fin, la extremidad se acerca. La Iglesia pasa a la obscuridad. El mundo estará en estado de consternación, perplejidad y confusión”.
En La Salette María llora, cubriendo su rostro con las dos manos. No hay sonrisas ni manifestaciones gozosas: es la Madre que teme las consecuencias del racionalismo que ha sorbido la devoción sincera de la gente del campo. Llora la Madre porque la humanidad no ha acogido su maternal invitación de conversión y de retorno al Señor, continuando en su obstinada carrera por el camino de la rebelión contra Dios y su Ley, especialmente por el pecado del aborto, el abuso máximo en contra de los niños. El mal se ha convertido en bien (no al bien) sin que haya objeción alguna, muchas veces por parte de los pastores, de los gobernantes, o de la mayoría de los ciudadanos. Las ciudades se han convertido en centros de violentos crímenes, donde no se puede andar de noche. Las drogas han invadido todo y destruyen a nuestros jóvenes a nivel global. La familia especialmente, es atacada por el ambiente inmoral de nuestros tiempos, y destruida por los incontables males. El ataque a la Verdadera Fe ha producido el exorbitante costo de la apostasía. Todas las predicciones de La Salette se han hecho realidad en la última centuria.
Fátima es el acontecimiento clave del siglo XX. En 1917 se
verificaron dos acontecimientos de alcance mundial y duradero: las cinco
apariciones de los días 13 (a partir de mayo) de la Santísima Virgen a los tres
pastorcillos de Fátima (Portugal) llamados Lucía, Francisco y Jacinta; y el
triunfo trascendental del marxismo en Rusia (octubre).
Rusia (luego Unión Soviética) aparece, a partir de 1917, como
la realización palpable de las fuerzas del mal; persecución sangrienta a los
cristianos, cierre de los seminarios, imposibilidad de ejercer culto alguno
externo, destrucción de libros religiosos y prohibición de recibir nuevos,
selección de los gobiernos de los pocos seminaristas que pudieran estudiar en
los cuatro seminarios permitidos, propaganda atea destructiva de toda religión,
eliminación de gran parte de sus obispos y sacerdotes o su relegación a los
temibles campos de concentración.
Hoy vemos algo que nunca se ha visto en la historia del
mundo: la bandera de Satanás ondeando en la lucha contra Dios y la religión,
contra todos los pueblos, y en todas partes del mundo; este fenómeno que
sobrepasa a todo lo que ha tenido lugar hasta ahora (Pío XI). En estos
últimos siglos, (el enemigo) trató de realizar la disgregación intelectual,
moral y social de la unidad del organismo misterioso de Cristo. Quiso la
naturaleza sin la gracia; la razón sin la fe; la libertad sin la autoridad; a
veces la autoridad sin la libertad. Es un ´enemigo´ que se volvió cada vez más
concreto, con una ausencia de escrúpulos que todavía sorprende: ¡Cristo sí,
Iglesia no! Después: ¡Dios sí, Cristo no! Finalmente el grito impío: ¡Dios ha
muerto! Y hasta ¡Dios jamás existió! (Pío XII, 12-10-1952).
En Fátima, María Santísima deja un rosario de
recomendaciones y condenaciones: la pena de María porque hasta los buenos
prefieren irse por sus propios caminos y no los de Dios; los castigos que
caerán sobre el mundo si no se recurre a la oración y a la penitencia; que la
Virgen se halla triste por la impiedad de sus hijos que muchas naciones
desaparecerán de la tierra si antes no detenemos el justo brazo de Dios; que
existen sacerdotes y religiosos indignos de su profesión que arrastran muchas
almas al infierno; el demonio trabaja incesantemente para impedirnos la
práctica de la oración; cada uno debe comenzar su propia reforma personal sin
aguardar que le obliguen la Iglesia y los sacerdotes; el demonio lucha
denodadamente contra las almas consagradas, pues derrotándolas consigue perder
muchas almas; en los hoy beatos Jacinta y Francisco, influyó mucho para su
santificación la comprobación de la aflicción de María y el horror de las penas
del infierno; la humanidad se halla indiferente ante los castigos anunciados;
la mayoría desprecia los sacramentos quedándose en actitud incrédula, llenos de
sensualidad y materialismo; ofrece los remedios del Santo Rosario y la devoción
al Corazón de María, y una profecía: “Al final mi Corazón Inmaculado
triunfará”.



