"La Iglesia es intolerante en los principios porque cree; pero es tolerante en la práctica porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en los principios porque no creen, pero son intolerantes en la práctica porque no aman” (P. Reginald Garrigou-Lagrange, O.P.)

lunes, 14 de mayo de 2012

Del secreto de La Salette al de Fátima

Estamos en 1846: el Beato Papa Pío IX publica su “Syllabus de Errores” condenando solemne y claramente las proposiciones erróneas de las filosofías incoadas en las sociedades secretas y el comunismo. Precisamente, a mediados del siglo XIX, Francia se había drogado del más absurdo materialismo, fruto del racionalismo literario de enorme influencia en su intelectualidad. El ambiente popular se iba adaptando al intelectual, y el veneno de la irreligión se colaba en las conciencias. Un par de años más tarde, es publicado el “Manifiesto Comunista”, gestado por los “Iluminados” que en 1829, reunidos en Nueva York erigieron un comité para financiar a Carlos Marx.

En ese ambiente social descristianizado, el 19 de septiembre de 1846, María Santísima se manifiesta a dos jóvenes naturales de Corps: Melanie Calvat de quince años y Maximin Giraud de once, en las montañas francesas de La Salette. Pastores ignorantes, sin idea de la fe y de la oración; uno nervioso y excitable, la otra presuntuosa. El mensaje de María no es sólo para ellos: “hacédselo saber a todo el pueblo”. Detalla minuciosamente acontecimientos mundiales futuros de gran importancia para nuestros tiempos. La apostasía presente fue totalmente pronosticada en La Salette y el mensaje allí recibido, explica por qué el diablo tiene tanto poder y dominio en el mundo actual.

Maximin Giraud se refirió al “monstruo”, seguramente al comunismo que estaba por entrar en el mundo: “El monstruo llegará a fines de este siglo XIX o a más tardar a principios del siglo XX”. María Santísima había anunciado: “Esta es la edad de las edades, el fin, la extremidad se acerca. La Iglesia pasa a la obscuridad. El mundo estará en estado de consternación, perplejidad y confusión”.

En La Salette María llora, cubriendo su rostro con las dos manos. No hay sonrisas ni manifestaciones gozosas: es la Madre que teme las consecuencias del racionalismo que ha sorbido la devoción sincera de la gente del campo. Llora la Madre porque la humanidad no ha acogido su maternal invitación de conversión y de retorno al Señor, continuando en su obstinada carrera por el camino de la rebelión contra Dios y su Ley, especialmente por el pecado del aborto, el abuso máximo en contra de los niños. El mal se ha convertido en bien (no al bien) sin que haya objeción alguna, muchas veces por parte de los pastores, de los gobernantes, o de la mayoría de los ciudadanos. Las ciudades se han convertido en centros de violentos crímenes, donde no se puede andar de noche. Las drogas han invadido todo y destruyen a nuestros jóvenes a nivel global. La familia especialmente, es atacada por el ambiente inmoral de nuestros tiempos, y destruida por los incontables males. El ataque a la Verdadera Fe ha producido el exorbitante costo de la apostasía. Todas las predicciones de La Salette se han hecho realidad en la última centuria.

Fátima es el acontecimiento clave del siglo XX. En 1917 se verificaron dos acontecimientos de alcance mundial y duradero: las cinco apariciones de los días 13 (a partir de mayo) de la Santísima Virgen a los tres pastorcillos de Fátima (Portugal) llamados Lucía, Francisco y Jacinta; y el triunfo trascendental del marxismo en Rusia (octubre).

Rusia (luego Unión Soviética) aparece, a partir de 1917, como la realización palpable de las fuerzas del mal; persecución sangrienta a los cristianos, cierre de los seminarios, imposibilidad de ejercer culto alguno externo, destrucción de libros religiosos y prohibición de recibir nuevos, selección de los gobiernos de los pocos seminaristas que pudieran estudiar en los cuatro seminarios permitidos, propaganda atea destructiva de toda religión, eliminación de gran parte de sus obispos y sacerdotes o su relegación a los temibles campos de concentración.

Hoy vemos algo que nunca se ha visto en la historia del mundo: la bandera de Satanás ondeando en la lucha contra Dios y la religión, contra todos los pueblos, y en todas partes del mundo; este fenómeno que sobrepasa a todo lo que ha tenido lugar hasta ahora (Pío XI). En estos últimos siglos, (el enemigo) trató de realizar la disgregación intelectual, moral y social de la unidad del organismo misterioso de Cristo. Quiso la naturaleza sin la gracia; la razón sin la fe; la libertad sin la autoridad; a veces la autoridad sin la libertad. Es un ´enemigo´ que se volvió cada vez más concreto, con una ausencia de escrúpulos que todavía sorprende: ¡Cristo sí, Iglesia no! Después: ¡Dios sí, Cristo no! Finalmente el grito impío: ¡Dios ha muerto! Y hasta ¡Dios jamás existió! (Pío XII, 12-10-1952).

En Fátima, María Santísima deja un rosario de recomendaciones y condenaciones: la pena de María porque hasta los buenos prefieren irse por sus propios caminos y no los de Dios; los castigos que caerán sobre el mundo si no se recurre a la oración y a la penitencia; que la Virgen se halla triste por la impiedad de sus hijos que muchas naciones desaparecerán de la tierra si antes no detenemos el justo brazo de Dios; que existen sacerdotes y religiosos indignos de su profesión que arrastran muchas almas al infierno; el demonio trabaja incesantemente para impedirnos la práctica de la oración; cada uno debe comenzar su propia reforma personal sin aguardar que le obliguen la Iglesia y los sacerdotes; el demonio lucha denodadamente contra las almas consagradas, pues derrotándolas consigue perder muchas almas; en los hoy beatos Jacinta y Francisco, influyó mucho para su santificación la comprobación de la aflicción de María y el horror de las penas del infierno; la humanidad se halla indiferente ante los castigos anunciados; la mayoría desprecia los sacramentos quedándose en actitud incrédula, llenos de sensualidad y materialismo; ofrece los remedios del Santo Rosario y la devoción al Corazón de María, y una profecía: “Al final mi Corazón Inmaculado triunfará”.

lunes, 7 de mayo de 2012

El anti Evangelio


Las acciones del Presidente de los Estados Unidos respecto del aborto, los «derechos sexuales y reproductivos» y temas anejos, se encaminan hacia un enfrentamiento abierto con la Iglesia Católica en comunión con el Papa. En una política abiertamente inquisitorial, también otros estados con la presión y el financiamiento de diversos lobbies, están implementando leyes y desarrollando acciones que tratan de impedir la predicación del Evangelio, con argumentos calificados como «antidiscriminatorios», que resultan ser más bien un atentado a la libertad religiosa.

Desde hace ya muchos años, estamos viviendo un período de gran apostasía en la que los gobiernos toman decisiones sin contar con los preceptos divinos. Está anunciado en las Escrituras que una apostasía generalizada ha de preceder a la victoria definitiva del Reino de Cristo.

El 18 de abril próximo pasado, la Congregación para la Doctrina de la Fe hizo pública la intervención a la Leadership Conference of Women Religious (LCWR), una asociación de la que forman parte la mayoría de las superioras religiosas norteamericanas, y en la que «militan monjas que hicieron posible que el presidente Obama pudiera financiar abortos con dinero público».

Desde 2008, la Santa Sede, ha venido evaluando la actuación de la LCWR y ha llegado a la conclusión de que «la situación doctrinal y pastoral actual de la LCWR es grave, y una cuestión de gran preocupación». La agenda cuestionada por la Santa Sede se refiere a los vínculos de la LCWR con las organizaciones afiliadas, y las posturas doctrinales de la entidad supra-congregacional que constituyen «un rechazo de la fe» y son «una grave fuente de escándalo». La LCWR disiente también con la Iglesia entre otros aspectos acerca de la ordenación mujeres. «Si bien estas religiosas son grandes defensoras de temas de justicia social, se han mantenido en silencio sobre el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, que para los católicos debe ocupar un lugar de privilegio en el debate público».

A sus discípulos Cristo les presenta dos caminos: el verdadero, el del Evangelio, que se recorre con la cruz y que lleva a la vida, y el sendero falso de un falso Evangelio, que intenta eludir la cruz y que lleva a la muerte: «Ahí están los dos bandos con los que a diario nos encontramos: el de Jesucristo y el del mundo» (Montfort, Carta a los amigos de la Cruz). También en estos tiempos marcados por la confusión, la indisciplina, la división y la persecución.

Cuando miramos al hombre de hoy y su actuación, todo nos indica que Dios ya no está en el corazón de las personas, y por tanto, tampoco en el de la familia ni puede permanecer en la sociedad, y donde no está Dios, comienza el infierno, porque lo bueno sólo puede germinar del bien, y sólo Dios es bueno.

La expulsión de Dios de los corazones de las personas, del mundo que las rodea y de la sociedad, genera un espacio vacío, desierto y sin sentido, que muchas veces vienen a llenarlo el ocultismo, las sectas, las ideologías, que convierten a las personas en parásitos de la fe, «porque de creyentes sólo tienen la apariencia externa, mientras que interiormente son ateos».

Algunas sectas y corrientes han surgido a la sombra del Cristianismo, pero se fueron deslizando cada vez más hacia una aparente religiosidad, como es el New Age (Nueva Era). Ninguna amenaza religiosa para la Verdadera Fe es más seductora que este movimiento. La Nueva Era es la religión del Nuevo Orden Mundial, que coloca al hombre en el centro del Universo, al hombre como deidad, con la misma mentira de siempre: «serás como dios» (Génesis 3, 5).

San Juan alerta a los fieles contra el Seductor que pretende alejarnos de la Sana Doctrina: «Si alguien llega a ustedes y no trae esta doctrina, no lo reciban en su casa ni siquiera le saluden. Porque el que lo saluda se hace cómplice de sus malas obras» (2 Jn, 10). Las dificultades no provienen sólo de la debilidad en la fe de una comunidad, sino también de lo que San Pablo llama «el misterio de la iniquidad, que ya está actuando» (2 Tes 2), encarnado en el cuerpo político dotado de inmensos poderes.

El principal deseo de Satanás es alejarnos de Dios. «¿Existen señales, y cuáles, de la presencia de la acción diabólica? –se preguntaba Pablo VI–. “Podremos suponer su acción siniestra allí donde la negación de Dios se hace radical, sutil y absurda; donde la mentira se afirma, hipócrita y poderosa, contra la verdad evidente; donde el amor es eliminado por un egoísmo frío y cruel; donde el nombre de Cristo es impugnado con odio consciente y rebelde (1 Cor 16,22; 12,3); donde el espíritu del Evangelio es mistificado y desmentido; donde se afirma la desesperación como última palabra» (15-XI-1972).

El discípulo de Cristo renuncia deliberadamente a apoyarse en los medios materiales humanos –las «armas carnales»- y acude a las «armas de Dios», las únicas eficaces en el combate apostólico y cristiano. Por eso, los cristianos no tenemos miedo a nada, ya que vivimos «bajo el amparo del Altísimo»  (Salmo 90).

lunes, 30 de abril de 2012

Estatolatría pagana


El P. Francisco Vera, es fusilado en la "Guerra Cristera"

El momento cumbre de la visita apostólica del Papa a México en marzo pasado, ha sido la Eucaristía que ha celebrado el domingo 25 de marzo al pie del Cerro del Cubilete, en Silao. En la cima de dicha montaña se yergue el monumento a Jesucristo Rey del Universo «cargado de un fuerte simbolismo para el catolicismo mexicano, que entre los años de 1926 y 1929 sufriera una sangrienta persecución».

Durante la señalada Misa el Santo Padre ha recordado el martirio de los fieles mexicanos: «que se entregaron de lleno a la causa del Evangelio con entusiasmo y con gozo, sin reparar en sacrificios, incluso el de la propia vida», y al final durante el rezo del ángelus añadió: «En tiempos de prueba y  dolor, ella ha sido invocada por tantos mártires que, a la voz de “viva Cristo Rey y María de Guadalupe”, han dado testimonio inquebrantable de fidelidad al Evangelio y entrega a la Iglesia».

El 18 de noviembre de 1926, el Papa Pío XI hacía pública su novena Carta Encíclica, «Iniquis afflictisque»la primera de tres encíclicas en las que el Pontífice elevaría su voz para protestar y dar a conocer al mundo civilizado «los tristes tiempos de la Iglesia mexicana»: «Movidos por la conciencia de nuestro deber apostólico, seremos nosotros quienes gritaremos para que, desde este Padre común, todo el mundo católico escuche, por una parte, cómo ha sido la desenfrenada tiranía de los enemigos de la Iglesia y, por otra, la heroica virtud y perseverancia de los obispos, de los sacerdotes, de las familias religiosas y de los laicos», ante la persecución desatada en lo que vino a llamarse la Guerra Cristera: «ni en los primeros tiempos de la Iglesia ni en los tiempos sucesivos los cristianos fueron tratados en un modo más cruel, ni sucedió nunca en lugar alguno».

Fue durante su pontificado  (1922–1939), época en la que el Papa Pío XI tuvo que conducir la  nave de la Iglesia ante totalitarismos como el fascismo, el nazismo y el comunismo ateo.

El fascismo italiano buscaba integrar al ciudadano desde el nacimiento hasta la muerte en todos los cuadros del partido: «Tomo al hombre cuando nace –decía Mussolini. Y no lo abandono hasta el momento en que muere, momento en el que le toca al Papa ocuparse de él», ante lo cual decía el Pío XI en su carta encíclica «Non abbiamo bisogno» (junio de 1931): «Estamos en presencia de todo un conjunto de afirmaciones auténticas y de hechos no menos auténticos, que ponen fuera de duda el propósito, ya ejecutado en gran parte, de monopolizar por entero a la juventud, desde la primera infancia a la edad adulta».

El Pontífice reaccionó ante el nazismo alemán con la encíclica «Mit brennender Sorge» (Con ardiente preocupación), sobre la situación de la Iglesia Católica en el Reich Alemán: ante «el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional, y emprender la loca tarea de aprisionar en los límites de un pueblo solo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios» (14 de marzo de 1937).

Ante el comunismo ateo, decía el mismo Pontífice: «La lucha entre el bien y el mal, triste herencia de la falta original, sigue haciendo estragos en el mundo… Este peligro tan amenazador para el uso pleno y exclusivo de un partido, de un régimen, sobre la base de una ideología que explícitamente se resuelve en una propia y verdadera estatolatría pagana, en pleno conflicto tanto con los derechos naturales de la familia como con los derechos sobrenaturales de la Iglesia… el comunismo es intrínsecamente perverso y no es posible admitir en ningún terreno la colaboración con él por parte del que quiera salvar la civilización cristiana».

Pío XI escribía en 1937: «Por primera vez en la historia, asistimos a una lucha fríamente calculada y arteramente preparada por el hombre “contra todo lo que es divino” (2 Tes 2, 4)» (Encíclica «Divini Redemptoris»).

Es indudable que el siglo XX ha sido el más martirial de toda la historia de la Iglesia. Ciertamente «levantándose sobre todo lo que se llama Dios… y sentándose en el templo de Dios como si fuese Dios» (2Tes 2, 3-4) la persecución a la que fue sometida la Iglesia, superó a lo experimentado por ella durante la era de los mártires, la Revolución Francesa o cualquier otra anterior.

Durante el Congreso Eucarístico en Filadelfia del año de 1976, el entonces cardenal Wojtyla, futuro Papa Juan Pablo II decía: «Estamos ahora ante la confrontación histórica más grande que los siglos jamás han conocido. Estamos ante la lucha final entre la Iglesia y la anti-Iglesia; entre Evangelio y el anti-evangelio. No creo que el ancho círculo de la Iglesia Americana ni el extenso círculo de la Iglesia Universal se den clara cuenta de ello. Pero es una lucha que descansa dentro de los planes de la Divina Providencia», es decir como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: «…La Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el "Misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne» (n.º 675).

Muchos años pasaron hasta que los marxistas comprendieron que sería mejor para la revolución marxista no tanto combatir la religión como servirse de ella, ciertamente los papas Pío XI y Juan Pablo Magno vislumbraron mucho más allá de lo que el común de los mortales somos capaces de percibir a simple vista como hechos actuales así lo demuestran.

viernes, 27 de abril de 2012

La «síntesis de todas las herejías»

Papa San Pío X:
"El modernismo es la síntesis de todas las herejías".

En el artículo «Papautée» del Diccionario Apologético de la Fe Católica, se narra el siguiente hecho: Napoleón amenazaba al cardenal Consalvi, Secretario de Estado de Pío VII, con un cisma para acabar con la Iglesia. Ésta fue la respuesta del cardenal Consalvi: Majestad, cuando los ministros del Señor no han conseguido arruinarla con su conducta, esté seguro que menos podrá su Majestad destruirla con su poder.

El culto a la "diosa razón" en la Revolución Francesa
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